¡Vámonos al rollo del Taoísmo! Imagina que estás en una plática bien amena, con una buena taza de té en la mano, y te quiero contar algo que es la mera esencia del Taoísmo: el Tao. No te espantes con el nombre raro, ahorita vas a ver que no es tan complicado.
El Tao, en el Taoísmo, es como el “todo y nada” al mismo tiempo. O sea, es el origen, la raíz de todo lo que ves, lo que no ves, lo que sientes, y lo que ni te imaginas. Es como esa fuerza misteriosa que lo mantiene todo en orden, pero que a la vez no tiene ni nombre ni forma. Es algo así como si el universo estuviera hecho de una pasta mágica y el Tao fuera el ingrediente secreto que le da el sabor a todo, pero que nadie sabe qué es exactamente.
Es bien curioso porque el Tao no se puede describir con palabras. Es como tratar de explicar a qué sabe el agua. Puedes decir que es refrescante, que te quita la sed, pero realmente no puedes poner en palabras lo que es. Es más, si tratas de ponerle nombre o de definirlo, ¡zaz!, se te escapa de las manos, como tratar de agarrar el viento. Los sabios taoístas lo describen como “inefable”, que es una palabra fancy para decir que es tan grande y misterioso que nuestras cabecitas humanas no lo pueden abarcar.
El Tao está en todas partes y en ninguna al mismo tiempo. Está en el sonido del viento entre los árboles, en el silencio de la noche, en la sonrisa de alguien que amas, en la caída de una hoja en otoño. Es como si todo lo que existe fuera una manifestación del Tao, pero al mismo tiempo, el Tao no se agota en esas cosas. Es el flow, la energía que mueve el universo, lo que lo mantiene en marcha sin necesidad de meterle mano.
Para los taoístas, la clave de la vida es aprender a alinearse con el Tao, a fluir con él, como si fueras un pez nadando en un río, dejándote llevar por la corriente en vez de luchar contra ella. Es un rollo de armonía, de dejar que las cosas sigan su curso natural sin forzarlas, de encontrar tu lugar en el universo sin querer controlarlo todo.
Así que, la próxima vez que te encuentres en un momento de pura paz, de esos que te llenan de tranquilidad sin que sepas por qué, ahí está el Tao, presente en todo su esplendor, recordándote que no necesitas entenderlo todo para ser parte de ese gran misterio que es la vida. ¡Y eso es lo más chido del Taoísmo!

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