A veces la vida es como un río caudaloso, lleno de curvas, obstáculos y a veces hasta algún remolino que nos da vueltas sin piedad. Pero, ¿y si te dijera que no necesitas luchar contra la corriente para ser feliz? El Taoísmo nos enseña a encontrar la paz interior a través de la aceptación de lo que es y la renuncia a esos deseos egoístas que nos vuelven locos. Y sí, sé que suena muy “ohmmm” y elevado, pero espera, vamos a simplificarlo con un toque más relajado.
Primero, imagina que eres un panda. Sí, un panda tranquilo en medio de un bosque de bambú. No hay muchas preocupaciones ahí, más allá de comer, dormir, y disfrutar del solcito que se cuela entre las hojas. Los pandas no se levantan preocupados porque alguien más tiene más bambú, ni sueñan con el bambú más verde del otro lado del río. Ellos simplemente son; están donde están, hacen lo que hacen, y eso es suficiente. Este es uno de los grandes secretos del Taoísmo: estar en el presente y dejar ir los deseos que no hacen más que arruinar nuestro ahora.
Los taoístas nos dicen que la clave está en aceptar lo que es. A veces es lunes y hay que trabajar, a veces nos duele la espalda, y otras veces la vida parece no estar de nuestro lado. Pero la paz no viene de evitar estos momentos, sino de no resistirnos a ellos. Es como estar en un barco y, en vez de remar contra la corriente, simplemente dejarte llevar. El agua va donde tiene que ir y tú flotas junto a ella, tranquilo y en paz. No se trata de resignarse, sino de no luchar contra aquello que no puedes cambiar.
El Taoísmo también nos habla de renunciar a los deseos egoístas, esos que nos hacen correr tras algo que, cuando lo conseguimos, siempre nos deja queriendo más. Es como si en lugar de disfrutar de tu bambú, quisieras el bambú más brillante, el más exótico, el más escaso… Al final, te pierdes el sabor del bambú que tienes frente a ti. En este sentido, Laozi, el gran sabio del Taoísmo, nos recuerda que “el que sabe que suficiente es suficiente, siempre tiene suficiente”.
Esto no significa que no puedas tener metas o sueños. ¡Claro que puedes! Pero el truco está en no aferrarte a ellos como si tu felicidad dependiera de eso. Es un enfoque relajado: trabajas, haces lo que puedes y lo mejor que puedes, pero sin volverte loco si las cosas no salen como esperabas.
Entonces, ¿cómo encontrar la paz interior? Acepta lo que es, fluye con la vida, y suelta esos deseos que solo te hacen sentir insatisfecho. Vive como un panda en el bosque, disfrutando el bambú del presente y durmiendo plácidamente, sin preocupaciones por el mañana.
Recuerda que el Tao no es un camino rígido; es un flujo, una danza, un susurro entre las hojas de bambú. Cada paso que des, cada respiración que tomes, forma parte de esa gran melodía. Así que respira, relájate, y deja que la vida suceda. ¡El secreto de la paz interior está en dejar de complicarse tanto!

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