🔵 El círculo: el secreto redondito del universo… y del Tai Chi

¿Y si todo en tu vida empezara y terminara en un círculo?

Imagínate esto: despiertas, te estiras, respiras profundo y te das cuenta de que tu vida –sí, la tuya– no avanza en línea recta, sino en espiral. Das vueltas, aprendes, tropiezas, giras, y de repente… ¡estás otra vez en el mismo punto, pero con más conciencia! ¿Te ha pasado? Bienvenido a la danza sagrada del círculo.

Ahora va lo chido: en Tai Chi, todo –pero todo– gira en torno al círculo. Literal y metafóricamente. No es solo una forma bonita, es un principio cósmico, biológico, emocional y espiritual.

🔁 El universo gira, la vida gira… y tú también

Nuestros ancestros no tenían telescopios, pero eran bien observadores. Veían que los pájaros hacen nidos redondos, que la Luna se mueve en ciclos, que el día y la noche regresan siempre, y que el pan bien hecho ¡es redondo! Desde la alfarería hasta el abrazo, todo lo que vibra con armonía tiende a lo circular.

Y luego llegó la ciencia a confirmar lo que la intuición ancestral ya sabía: la Tierra es redonda, gira sobre sí misma y gira alrededor del Sol (que también es redondo), que gira en la galaxia (¡y adivina qué forma tiene la galaxia!).

Entonces… ¿por qué los humanos modernos nos obsesionamos con las líneas rectas, las cajas, los ángulos duros y las ciudades cuadriculadas? Según el texto, eso es puro invento artificial. ¡La naturaleza no hace esquinas!

🌀 En Tai Chi, el círculo es ley

En Tai Chi no hacemos movimientos cuadrados. Ni bruscos. Ni rectos como regla. Todo se redondea, se suaviza, se curva con gracia. Como si le estuviéramos susurrando al universo: “hey, recuerda que soy parte de ti”.

Leonardo da Vinci ya nos decía que el cuerpo humano está diseñado para moverse en círculos. Las articulaciones –codos, muñecas, rodillas– están hechas para girar. Entonces, cuando hacemos movimientos circulares en Tai Chi, no solo estamos fluyendo con el cuerpo: ¡estamos regresando al diseño original!

En la medicina china se diría que los movimientos rectos aceleran el Qi y pueden bloquearlo. Pero los círculos… ah, los círculos dejan que fluya como río sin obstáculos. ¿Alguna vez te has sentido con paz solo por mover las manos en círculos? Eso no es casualidad, es energía armonizándose.

📿 El círculo como ritual sagrado

Practicar una forma de Tai Chi es como hacer una ceremonia. Empiezas en el centro: quieto, neutro, sin peso definido. Eso representa el Wu Chi (el vacío primordial, el Todo sin forma).

Luego, al mover el peso a un pie, ¡pum! Aparece el Tai Chi, la manifestación dual del universo: yin y yang. Se inicia la danza de la vida. Con cada paso, cada giro, cada gesto, representas la creación, el flujo de la existencia, los “diez mil seres” de los que hablan los sabios taoístas.

¿Y adivina cómo termina la forma?

Volviendo al centro.

Cierra los ojos un momento e imagina eso: el cuerpo volviendo al mismo lugar, el peso equilibrado otra vez, el silencio como al principio. Es como una meditación en movimiento donde el final es idéntico al principio… pero tú ya no eres el mismo. Porque ahora comprendes.

🌌 El drama cósmico en cámara lenta

¿Será que al movernos en Tai Chi estamos actuando el drama de la creación y el regreso al vacío? ¿O será que lo estamos viviendo en carne y espíritu?

En Kabbalah se diría que estamos haciendo un Tikún: un viaje de reparación. Vamos del Infinito a la forma, y regresamos transformados. Es un ciclo eterno que no para. Así como tus células mueren y nacen a cada instante, así como estrellas explotan y se forman mientras respiras, tu conciencia está girando siempre, incluso sin que lo sepas.

💡 ¿Y si volvieras a vivir en círculos?

Mira, el autor del texto vive en una casa circular, con mesa circular, y dice que nunca ha sido más feliz. ¿Casualidad? Yo diría que no. Quizá es hora de dejar de vivir en cajas (emocionales, arquitectónicas y existenciales) y permitirnos fluir más como el universo: redondito, sin prisas, sin ángulos duros.

Haz este pequeño experimento: dibuja un círculo en el aire con tus manos. Suavecito. Respira. Ahora dibuja una línea recta. ¿Cuál se siente más natural?

¿Y si empezaras tu día como si fuera un círculo? ¿Con suavidad, con retorno, con intención? ¿Qué pasaría si pensaras tus relaciones, tus rutinas y tus sueños como ciclos que evolucionan?

En Tai Chi, todo vuelve al centro. Y tal vez eso es lo que más nos hace falta hoy: un recordatorio de que no necesitamos salirnos de la naturaleza para evolucionar. Solo hay que recordar cómo se mueve.

Como decía Gaudí: “la línea curva pertenece a Dios”. Pues préstamela tantito, que me hace falta regresar a mí.

Y tú, ¿qué dice tu Tai Chi?

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