Desde siempre se ha dicho que “la energía sigue a la atención”, y en Tai Chi esto no es una metáfora poética, sino una realidad práctica que podemos experimentar en carne propia. (Reciprocidad) Hoy quiero regalarte esta idea: cada pensamiento tuyo, cada instante en que pones atención a algo o alguien, estás enviando energía. Así como una oración llega a su destino, tu chi también encuentra camino.
La propuesta es simple y contundente: si vamos a estar enviando energía de todos modos, más vale hacerlo de manera consciente, intencional y benéfica. Porque el chi no se detiene, no tiene botón de apagado. Siempre fluye. La pregunta es: ¿lo dejamos ir al azar, o lo usamos como herramienta de transformación?
Culturas antiguas lo entendieron hace siglos. En China se decía “chi sigue al yi”, y prácticas como el Qigong, el Tai Chi e incluso la meditación budista o la oración en Occidente, muestran el mismo principio. La ciencia moderna también aporta pistas: experimentos de física cuántica como el de Thomas Young en 1801 demostraron que la atención humana cambia la realidad observable. Y hoy, miles de practicantes de Tai Chi alrededor del mundo confirman con su experiencia que enfocar la mente cambia la calidad del chi que sentimos y enviamos.
¿Quién no ha sentido esa mirada en la espalda que nos obliga a voltear? Todos lo hemos vivido: la atención genera un movimiento energético real. Imagina lo poderoso que puede ser usar eso con intención: enviar calma a un amigo que atraviesa un mal momento, enviar vitalidad a tu propio cuerpo cuando sientes cansancio, o simplemente regalar energía de gratitud a un árbol, una planta o al planeta mismo.
En la práctica del Tai Chi aprendemos a hacer esto paso a paso. Colocamos la atención en el brazo, sentimos cómo el chi lo sigue, lo movemos hacia la palma, luego de una mano a la otra, y finalmente creamos un circuito que recorre todo el cuerpo. Este laboratorio vivo nos enseña que no solo podemos enviar chi, también podemos recibirlo del entorno. De hecho, muchos maestros recomiendan saludar a un árbol o una montaña, pedir permiso, y extraer chi de ellos con respeto, devolviendo una bendición a cambio.
Y aquí viene lo más importante: nuestra atención es limitada. Cada día tenemos solo un número reducido de momentos de enfoque verdadero. Si los gastamos en miedo, chismes, quejas o escenarios apocalípticos, el chi se queda atrapado en esas visiones y les da forma. Pero si elegimos conscientemente dirigir la atención hacia la salud, la belleza, la gratitud y el futuro que queremos crear, estamos sembrando energía real en esas posibilidades. Hoy más que nunca, en un mundo saturado de distracciones, la urgencia es clara: cuidar en qué gastamos nuestra atención, porque con ella moldeamos nuestra vida.


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