Mantén los canales abiertos: la relajación abre las autopistas del Qi
Hay momentos en la vida en los que sientes que tu energía se atora, ¿sí o no, Yishai? Como si dentro de ti hubiera tráfico en hora pico, un periférico emocional bloqueado, y tú nomás queriendo avanzar. Y lo loco es que no necesitas fuerza, ni pelea, ni empujar… lo que necesitas es relajarte. Sí, así como lo oyes: relajarte para que tu energía encuentre por dónde fluir. Porque en Tai Chi, cuando tú sueltas, el Qi arranca.
Este principio —mantén los canales abiertos: la relajación abre las autopistas del Qi— es de esos que te cambian la práctica, la salud y hasta la forma en la que caminas por la vida. Porque la relajación no es flojera; es estrategia energética. Es inteligencia corporal. Es confiar en que tu cuerpo está diseñado para fluir si dejas de apretarlo tanto.
Piensa en tu cuerpo como una red de carreteras donde circula el Qi, esa energía vital que te da claridad, fuerza, estabilidad y esa sensación de “estoy en paz”. Cuando te tensas, esas autopistas se vuelven callejones sin salida. Cuando te relajas, se vuelven avenidas libres donde todo circula con elegancia.
Y mira, no lo digo nada más yo: cualquier maestro tradicional te dirá que el Tai Chi no se hace con músculos duros, sino con un cuerpo suave, profundo y despierto. Las estructuras se mantienen, sí, pero lo que las llena es un interior suelto. La relajación verdadera, esa que abre los canales, es como decirle a tu sistema nervioso: “bro, aquí no venimos a pelear, venimos a fluir”.
La gente que empieza Tai Chi muchas veces llega con la idea de que necesita hacer movimientos perfectos, tensar el abdomen, levantar los hombros, “poner fuerza”. Pero cuando empiezan a soltar… ¡ahí está la magia! Empiezas a sentir tus brazos más ligeros, tu respiración más amplia, las piernas más estables, y de repente… todo encaja.
Y esto no es teoría. Lo ves en la vida diaria: cuando estás tenso, las ideas no salen. Cuando estás tenso, discutes más. Cuando estás tenso, tu cuerpo se cansa el doble. Pero cuando te relajas —de verdad, no de dientes para afuera—, vuelves a conectar con tu centro. Recuperas presencia. Vuelves a ver las cosas claras. Y sí, el Qi vuelve a fluir.
Por eso este principio es tan poderoso:
Relajarte no solo te hace sentir bien… te abre el camino hacia tu energía más alta.
Y si de por sí el mundo ya está llenísimo de estímulos, pendientes, prisas y ruido mental, el Tai Chi viene como ese recordatorio urgente: “Oye, tu cuerpo sabe volver a la paz, nomás déjalo”.
Si hoy pudieras tomar un solo principio para aplicarlo ya, sería este:
Relaja para abrir. Abre para fluir. Y fluye para vivir más ligero.
La energía de alguien que mantiene sus canales abiertos se nota: es una persona centrada, conectada, con mirada clara y paso firme. Esa persona puedes ser tú todos los días… si empiezas hoy.


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