Déjame empezar regalándote algo importante:
si sientes bloqueo, repetición, cansancio emocional o desconexión, no es que te falte Luz.
Lo que pasa es que está cubierta.
Desde la Kabbalah, el Zóhar, la psicología profunda y el desarrollo humano, el problema central del ser humano no es la ausencia de potencial, sino la acumulación de capas que lo aprisionan. A esas capas la Kabbalah las llama kelippot.
Y aquí viene la noticia incómoda y liberadora al mismo tiempo:
las Diez Plagas no vinieron a destruir Egipto…
vinieron a quitar kelippot.
¿Qué son las kelippot? (spoiler: no son demonios)
La palabra kelippá significa literalmente cáscara.
Así como una fruta tiene piel para proteger su pulpa, la Luz también puede quedar envuelta. El problema aparece cuando la cáscara ya no protege, sino que asfixia.
En términos prácticos, las kelippot son:
hábitos inconscientes miedos no resueltos emociones reprimidas narrativas mentales repetidas ego defensivo automatismos emocionales
La psicología lo dice claro: no vivimos desde la conciencia, sino desde patrones.
La Kabbalah lo dijo antes: la Luz quedó atrapada en la materia.
Las Diez Sefirot: el mapa de la conciencia humana
Las Diez Sefirot no son conceptos abstractos flotando en el aire. Son un mapa completo del funcionamiento de la conciencia, desde lo más elevado hasta lo más cotidiano.
Cada Sefirá expresa una cualidad de la Luz:
intención comprensión emoción acción manifestación
Cuando una Sefirá queda cubierta por una kelippá, esa cualidad se distorsiona.
No desaparece… se expresa mal.
Por ejemplo:
fuerza se vuelve control sensibilidad se vuelve miedo deseo se vuelve adicción estructura se vuelve rigidez
La Luz sigue ahí, pero disfrazada.
Cada plaga eliminó una kelippá
Aquí está el punto clave que cambia todo:
👉 Cada una de las Diez Plagas corresponde a la eliminación de una kelippá asociada a una Sefirá.
No fue caos al azar.
Fue cirugía espiritual.
Las plagas fueron procesos de depuración, no explosiones de enojo divino. Tocaron distintos niveles de la experiencia humana:
lo físico lo emocional lo mental lo identitario
Y ojo con esto: no se eliminaron todas de golpe.
Porque quitar capas duele… y el alma necesita ritmo.
La psicología del cambio confirma esto: una transformación profunda ocurre por etapas, no por iluminación instantánea.
La materia no es el problema, el encierro sí
La Kabbalah no dice que la materia sea mala.
Dice que el problema es cuando la materia encierra la Luz.
Trabajo, dinero, cuerpo, emociones, relaciones… todo eso es materia.
El conflicto aparece cuando la conciencia queda atrapada ahí y se olvida de su origen.
Las plagas no destruyen la materia.
Rompen el encierro.
Por eso son incómodas.
Por eso sacuden.
Por eso no piden permiso.
Liberar la Luz es un acto de responsabilidad
Aquí no hay víctimas ni castigos.
Hay responsabilidad de conciencia.
Cada vez que eliges observarte en lugar de justificarte, quitas una kelippá.
Cada vez que atraviesas un miedo en lugar de taparlo, quitas una kelippá.
Cada vez que sueltas una identidad vieja, quitas una kelippá.
Eso es Éxodo interno.
Eso es trabajo espiritual real.
Si no quitas capas, la vida las quitará por ti
Y aquí va lo urgente, sin dramatismo pero con verdad:
Cuando no retiramos conscientemente nuestras kelippot, la vida lo hace…
pero a través de crisis, pérdidas, enfermedades emocionales o rupturas.
Las Diez Plagas no son amenazas.
Son advertencias amorosas.
Porque la Luz quiere salir.
Siempre.
La pregunta no es si tienes Luz.
La pregunta es:
¿qué capa estás listo para soltar hoy?
Ahí empieza la verdadera liberación.


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