El Error que Cometen Casi Todos al Empezar Tai Chi y Qi Gong

Cuando alguien escucha hablar de Tai Chi o Qi Gong, normalmente piensa en movimientos lentos, ejercicios suaves o personas moviendo las manos en un parque.

Y aunque eso forma parte de la práctica, la realidad es mucho más profunda.

Las artes internas son un camino de transformación.

La diferencia principal entre las artes internas y las artes externas no está en los movimientos. Está en dónde colocamos la atención.

En las artes externas solemos enfocarnos en desarrollar fuerza, velocidad, resistencia o habilidad física. En las artes internas también se trabaja el cuerpo, pero el verdadero entrenamiento ocurre dentro de nosotros.

Se entrena la respiración.

Se entrena la atención.

Se entrena la percepción.

Se entrena la calma.

Se entrena la capacidad de observarnos.

Por eso los antiguos maestros hablaban del cultivo interno.

Cultivar significa desarrollar algo poco a poco.

Igual que una semilla necesita tiempo para convertirse en árbol, nuestra energía, nuestra mente y nuestro carácter necesitan entrenamiento para desarrollarse.

Y aquí aparece una idea fascinante.

Tu cuerpo es el laboratorio.

No necesitas instrumentos complicados.

Tu postura es el experimento.

Tu respiración es el experimento.

Tus emociones son el experimento.

Tu atención es el experimento.

Cada práctica te permite observar qué sucede cuando cambias algo dentro de ti.

¿Qué ocurre cuando relajas los hombros?

¿Qué ocurre cuando respiras más profundo?

¿Qué ocurre cuando dejas de correr mentalmente durante unos minutos?

Eso es investigación interna.

Eso es cultivo interno.

Y quizá la pregunta más importante de todas no sea qué técnica practicar.

La pregunta más importante es:

¿Por qué quiero practicar?

Algunas personas buscan salud.

Otras buscan energía.

Otras desean reducir el estrés.

Algunas quieren comprenderse mejor.

Y otras simplemente sienten que existe algo más profundo que todavía no han descubierto.

Todas las respuestas son válidas.

Lo importante es tener claridad.

Porque cuando sabes lo que buscas, cada postura adquiere sentido.

Cada respiración tiene propósito.

Cada entrenamiento se convierte en un paso hacia la persona que deseas llegar a ser.

Por eso hoy te propongo algo muy sencillo.

Ponte de pie en postura Wuji durante cinco minutos.

Sin música.

Sin distracciones.

Sin expectativas.

Simplemente observa.

Después escribe en un diario una sola pregunta:

¿Por qué practico?

La respuesta puede ser el inicio de un viaje que transforme mucho más que tu cuerpo.

Deja un comentario