No Fuerces el Aire, Deja que Fluya Natural

Hay una escena que veo una y otra vez cuando alguien comienza a practicar Tai Chi o Qi Gong.

La persona escucha que la respiración es importante y de inmediato intenta controlarla.

Empieza a inhalar más fuerte.

A llenar más los pulmones.

A contar los segundos.

A empujar el abdomen.

Y después de unos minutos termina cansada, mareada o sintiendo que algo no está funcionando.

Lo curioso es que el problema no es que esté respirando poco.

El problema es que está intentando respirar demasiado.

Uno de los principios más importantes del Tai Chi y del Qi Gong es muy sencillo:

No fuerces el aire. Deja que fluya natural.

Parece algo pequeño, pero cambia toda la práctica.

Cuando observamos a un bebé dormido descubrimos algo maravilloso.

No intenta respirar.

No controla el aire.

No empuja.

No jala.

Simplemente respira.

Y precisamente por eso su respiración es profunda, suave y eficiente.

Con el paso de los años acumulamos estrés, preocupaciones, tensiones y hábitos que nos hacen perder esa naturalidad.

Comenzamos a respirar con los hombros.

Respiramos rápido.

Respiramos superficialmente.

Y cuando intentamos corregirlo muchas veces cometemos otro error: forzamos el proceso.

En Qi Gong se dice que el Qi sigue a la mente.

Pero eso no significa que debamos obligarlo.

La mente guía.

No empuja.

La mente acompaña.

No lucha.

Es como regar una planta.

No necesitas jalarla para que crezca.

Sólo crear las condiciones adecuadas.

La respiración funciona igual.

Cuando relajas el cuerpo, aflojas el pecho, sueltas los hombros y permites que el abdomen participe naturalmente, el aire comienza a encontrar su propio camino.

Y algo muy interesante ocurre.

Mientras menos intentas controlar la respiración, más profunda se vuelve.

Mientras menos luchas, más energía aparece.

Mientras menos tensión existe, más libre circula el Qi.

Esto refleja una enseñanza profunda del Tao.

La naturaleza no se esfuerza y sin embargo todo se realiza.

Los árboles crecen.

Los ríos fluyen.

Las estaciones cambian.

Ninguna de ellas está forzando el proceso.

Simplemente siguen su naturaleza.

Nuestra respiración también tiene una inteligencia propia.

Cuando dejamos de interferir constantemente, el cuerpo recuerda cómo respirar.

Por eso en muchas prácticas de Tai Chi primero aprendemos a relajarnos y después a respirar.

Porque la respiración correcta suele ser una consecuencia de la relajación.

No una obligación.

La próxima vez que practiques Tai Chi o Qi Gong prueba algo diferente.

No intentes hacer una respiración perfecta.

No intentes llenar completamente los pulmones.

No intentes controlar cada segundo.

Simplemente observa.

Permite.

Acompaña.

Y descubre cómo poco a poco el aire comienza a moverse con suavidad.

A veces el mayor secreto del progreso no consiste en hacer más.

Consiste en dejar de interferir.

Porque cuando el aire fluye natural, también comienzan a fluir la energía, la mente y el corazón.


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