Uno de los principios más importantes en Tai Chi y Qi Gong parece muy sencillo, pero cambia completamente la práctica:
La columna debe estar recta y relajada, nunca rígida.
Y aunque suena fácil, muchas personas hacen exactamente lo contrario.
Cuando escuchan “mantén la espalda recta”, inmediatamente tensan la cintura, sacan el pecho, endurecen los hombros y convierten su cuerpo en una especie de tabla humana.
Pero una columna rígida no es una columna alineada.
Es una columna bloqueada.
Imagina un bambú.
Crece hacia el cielo.
Está recto.
Pero también es flexible.
Puede moverse con el viento sin romperse.
Esa es la calidad que buscamos.
La alineación no consiste en imponer una postura artificial.
Consiste en permitir que el cuerpo encuentre su estructura natural.
Cuando la columna está recta y relajada, la respiración fluye mejor.
El movimiento se vuelve más ligero.
La energía circula con mayor facilidad.
Y el cuerpo deja de gastar fuerza innecesaria.
Por eso en Tai Chi no buscamos rigidez.
Buscamos presencia.
No buscamos tensión.
Buscamos organización.
No buscamos fuerza excesiva.
Buscamos equilibrio.
Curiosamente, este principio también aplica a la vida.
Muchas veces intentamos mantener el control endureciéndonos.
Nos volvemos rígidos en nuestras ideas, emociones o expectativas.
Pero la verdadera estabilidad no surge de la dureza.
Surge de la capacidad de permanecer centrados mientras seguimos siendo flexibles.
Una columna recta y relajada nos recuerda algo muy importante:
Podemos mantener nuestra dirección sin perder nuestra suavidad.
Y quizá esa sea una de las enseñanzas más profundas del Tai Chi.
Ser firmes sin volvernos duros.
Ser estables sin volvernos rígidos.

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