Hay una trampa curiosa en el Tai Chi Chuan y el Qi Gong: puedes estar haciendo todos los movimientos… y mentalmente estar en otro lado.
“¿Ya mejoré?”
“¿Ya estoy más flexible?”
“¿Cuándo voy a sentir el Qi?”
“¿Cuándo me va a salir bien la forma?”
Y mientras esperamos el resultado, nos perdemos la práctica. 😅
Con el tiempo entendí algo que cambió mi manera de entrenar:
No pienses en resultados. Piensa en presencia.
Presencia significa estar realmente dentro de lo que haces.
Sentir cómo apoyas los pies.
Notar dónde estás apretando de más.
Escuchar la respiración.
Percibir cómo cambia el peso de una pierna a otra.
Observar el movimiento sin estar calificándolo cada cinco segundos.
Porque Tai Chi Chuan no consiste únicamente en memorizar movimientos. También entrenamos propiocepción —la capacidad de percibir la posición y movimiento de nuestro cuerpo—, equilibrio, coordinación, atención y regulación del esfuerzo.
Aquí aparece una paradoja preciosa:
cuando dejamos de perseguir desesperadamente el resultado, podemos prestar atención al proceso que ayuda a construirlo.
Es como plantar bambú y desenterrarlo cada mañana para revisar si ya creció.
Pobre bambú. 😂
Un error frecuente es practicar pensando exclusivamente en “hacerlo bien”. Eso puede volver rígido algo que necesita escucha.
Prueba algo diferente hoy.
Durante cinco minutos no preguntes si estás mejorando.
Pregúntate:
¿Qué estoy sintiendo ahora?
Haz un movimiento lentamente. Respira. Siente tus pies. Observa hombros, mandíbula, abdomen y manos. Si encuentras tensión innecesaria, suelta un poquito.
Eso ya es práctica.
Quizá mañana tengas mejor equilibrio. Quizá dentro de meses tu movimiento sea más fluido. Pero hay algo que no necesitas esperar para conseguir:
estar completamente presente en este movimiento.
Y curiosamente, ahí comienza buena parte del camino.
Hoy, cuando practiques, deja el resultado esperando afuera cinco minutos.
Entra tú. ☯️🐼

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