EL QI NO VIVE ENCERRADO EN TU CUERPO: TÚ TAMBIÉN FORMAS PARTE DEL ENTORNO ☯️

Cuando practicamos Tai Chi Chuan o Qi Gong es muy fácil imaginar el Qi como una especie de lucecita que corre por dentro del cuerpo.

Entra por aquí.

Baja por allá.

Da vuelta.

Llega al Dantian.

Y listo: Google Maps energético funcionando. 😂

Pero podemos comprenderlo de una manera mucho más interesante.

Dentro del modelo tradicional, el Qi no se contempla simplemente como algo que está guardado en un punto.

Hablamos de circulación, transformación, concentración, dispersión y relación.

Y eso cambia nuestra práctica.

Comencemos por el cuerpo.

Cuando practicamos Tai Chi o Qi Gong no movemos solamente brazos y piernas.

Trabajamos simultáneamente con:

postura, movimiento, respiración, atención e intención.

Y desde la perspectiva tradicional, el Qi circula mediante una red de canales y conexiones energéticas que recorren el organismo.

En ese mapa aparecen también los puntos utilizados en acupuntura.

Podríamos imaginarlo de manera sencilla:

los canales forman rutas dentro del sistema y los puntos son lugares específicos dentro de ese mapa donde podemos prestar atención a determinadas relaciones.

Pero aquí viene algo importante:

no necesitamos obsesionarnos intentando sentir cada canal mientras hacemos la forma.

Porque acabaríamos practicando Tai Chi pensando:

“¿Por dónde iba mi Qi? ¡Se me perdió en la tercera nube!” 😂

Primero organizamos el cuerpo.

Y aquí todo lo que hemos trabajado anteriormente empieza a tener sentido.

Coronilla que se eleva suavemente.

Pecho que deja de proyectarse.

Espalda que encuentra espacio.

Hombros que dejan de sostener tensión innecesaria.

Raíz.

Equilibrio.

Movimiento.

Respiración.

Atención.

Desde el lenguaje tradicional, todas estas condiciones forman parte del trabajo mediante el cual buscamos favorecer una circulación más integrada del Qi.

No estamos empujando imaginariamente la energía como pasta de dientes por un tubo.

Estamos creando condiciones.

Y dentro de ese mapa existen también zonas que podemos entender como centros de organización energética.

Una de las ideas que aparece frecuentemente en la práctica interna es la del Dantian.

Pero nuevamente:

no queremos convertirlo en una canica luminosa escondida dentro del abdomen. 😂

Para nuestra práctica podemos comprender los centros energéticos como referencias alrededor de las cuales aprendemos a reunir atención, intención y organización.

Entonces empieza a aparecer una secuencia muy interesante:

mente → intención → organización → movimiento → circulación.

Ya habíamos trabajado algo parecido:

Xin → Yi → Qi → Li.

Si la mente está completamente dispersa, la intención también puede dispersarse.

Si la intención no tiene dirección, nuestra práctica pierde claridad.

Por eso Tai Chi y Qi Gong no son solamente ejercicios musculares.

La manera en que atendemos también forma parte de cómo practicamos.

Ahora imagina una postura sencilla.

Estás de pie.

Sientes los pies.

Respiras.

La coronilla se eleva suavemente.

Los hombros están libres.

La espalda tiene espacio.

El pecho no está proyectado.

Tu atención está presente.

Desde el modelo tradicional, no tenemos partes aisladas.

Tenemos un sistema relacionado.

Los pies se relacionan con las piernas.

Las piernas con la pelvis.

La pelvis con el tronco.

El tronco con los brazos.

La columna organiza.

La respiración acompaña.

La atención escucha.

Y el Qi se entiende dentro de ese conjunto dinámico.

Pero todavía falta algo.

Porque el practicante no está flotando en una habitación completamente separado del universo.

Está en algún lugar.

Y ese lugar importa para la experiencia de la práctica.

Hay suelo debajo de ti.

Aire alrededor.

Temperatura.

Luz.

Sonidos.

Espacio.

Montañas quizá.

Árboles.

Una habitación.

Un parque.

Una ciudad.

Personas.

Movimiento alrededor.

Y aquí aparece otra idea preciosa del pensamiento tradicional:

el ser humano no está completamente separado de su entorno.

Podemos experimentarlo sin complicarlo.

Practica cinco minutos en una habitación cerrada.

Después practica en un jardín.

Después junto a árboles.

Después en un lugar silencioso.

Después en medio de ruido.

Aunque hagas exactamente los mismos movimientos, probablemente tu experiencia no sea idéntica.

Tu atención cambia.

Tu respiración puede cambiar.

Tu percepción corporal cambia.

Tu estado interno puede cambiar.

Por eso el entorno no tiene que ser simplemente el “fondo bonito” donde grabamos el Reel. 😂

También forma parte de la experiencia del practicante.

Y entonces aparece una relación muy interesante:

interior ↔ exterior.

No como dos mundos completamente separados.

Sino como una relación continua.

Sientes el suelo.

Percibes el aire.

Escuchas.

Respiras.

Te mueves dentro de un espacio.

El entorno modifica tu experiencia y tú respondes constantemente a ese entorno.

Ésta es una manera sencilla de comenzar a comprender la relación entre Qi humano y ambiente sin convertir todo en misterio.

No necesitamos decir que cada árbol nos está mandando un rayo verde de energía. 😂

Primero podemos aprender algo mucho más profundo:

estar realmente presentes en el lugar donde estamos practicando.

Haz una prueba.

La próxima vez que hagas Qi Gong al aire libre, no comiences inmediatamente.

Quédate de pie.

Siente tus pies.

Después escucha.

¿Qué sonidos existen?

Siente la temperatura.

El aire sobre la piel.

La luz.

El espacio delante de ti.

Detrás.

A los lados.

Respira.

Después comienza a moverte.

Y observa algo:

¿cambia tu manera de practicar cuando dejas de sentirte como un cuerpo aislado y empiezas a percibir también el espacio que te rodea?

Eso ya es una investigación maravillosa.

Después lleva la atención nuevamente hacia dentro.

Pies.

Piernas.

Pelvis.

Abdomen.

Espalda.

Pecho.

Hombros.

Brazos.

Manos.

Cabeza.

Respiración.

Y nuevamente hacia fuera.

Suelo.

Aire.

Sonido.

Espacio.

Entorno.

**Dentro.

Fuera.

Dentro.

Fuera.**

Hasta que la frontera deja de ocupar toda tu atención y aparece algo mucho más sencillo:

estás practicando aquí.

No dentro de tu cabeza.

No persiguiendo una sensación extraordinaria.

Aquí.

Y quizá ésa sea una de las maneras más hermosas de estudiar el Qi.

No como una cosa misteriosa que tenemos que perseguir desesperadamente por los meridianos.

Sino como parte de un modelo tradicional que intenta comprender relaciones y procesos:

entre diferentes regiones del cuerpo,

entre atención y movimiento,

entre centros y periferia,

entre quietud y cambio,

y también entre el practicante y el lugar donde practica.

Por eso cuando hagas Tai Chi o Qi Gong no preguntes solamente:

“¿Dónde está mi Qi?”

Prueba preguntas mejores:

¿Cómo está organizado mi cuerpo?

¿Dónde está mi atención?

¿Cómo estoy respirando?

¿Dónde aparece tensión innecesaria?

¿Cómo siento el espacio que me rodea?

¿Estoy realmente presente aquí?

Porque quizá comprender la circulación del Qi no comience persiguiendo energía.

Quizá comience aprendiendo a percibir relaciones.

Cuerpo.

Respiración.

Intención.

Movimiento.

Canales.

Centros.

Puntos.

Suelo.

Espacio.

Entorno.

Y tú…

no separado de todo eso, sino practicando en relación con ello.

Ése es un cambio enorme:

de buscar desesperadamente sentir energía…

a convertirnos poco a poco en mejores observadores de cómo todo nuestro sistema se relaciona, se organiza y se mueve. ☯️

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