Hay un momento muy divertido cuando empezamos a corregir nuestra postura en Tai Chi.
Nos dicen:
“Relaja los hombros.”
Perfecto.
Relajamos los hombros…
pero dejamos los codos levantados como si estuviéramos imitando un pollo. 😂
Entonces el cuerpo dice:
“Muy bien, jefe. Quitamos tensión aquí y la mudamos veinte centímetros más abajo”.
Por eso aparece nuestro siguiente principio:
hunde los codos.
Pero cuidado.
Porque ya conocemos nuestra especialidad:
exagerar instrucciones sencillas. 😂
“Hunde los codos” no significa agarrarlos y empujarlos hacia el piso con todas tus fuerzas.
Si haces eso, probablemente acabes creando exactamente aquello que queríamos evitar:
más tensión.
Vamos a probarlo.
Ponte de pie.
Siente tus pies.
Permite que la coronilla se eleve suavemente.
Suelta el pecho.
Permite espacio en la espalda.
Relaja los hombros.
Ahora levanta los brazos cómodamente frente a ti.
Y observa tus codos.
No los cambies todavía.
Sólo míralos.
¿Dónde están?
¿Están elevados?
¿Están rígidos?
¿Estás haciendo fuerza para mantenerlos?
Ahora exagera deliberadamente.
Levanta los codos.
Siente qué ocurre.
¿Qué pasó con tus hombros?
¿Qué pasó con tus brazos?
¿Qué pasó con tu cuello?
Ahora suelta.
Y aquí viene lo importante:
no empujes los codos hacia abajo.
Simplemente permite que desciendan.
Como si dejaras de sostener algo que ya no necesitabas sostener.
Ésa es la sensación que queremos investigar.
No:
“¡Codos abajo!”
Sino:
“Ya no necesito mantenerlos arriba.”
Parece una diferencia pequeña.
Pero recuerda algo que hemos repetido durante toda esta serie:
Tai Chi Chuan y Qi Gong no solamente trabajan con dónde colocamos el cuerpo.
También investigamos cuánto esfuerzo necesitamos para mantenerlo ahí.
Y ése es otro mundo.
Puedes tener dos posturas externamente muy parecidas.
En una, la persona está sosteniendo los brazos mediante tensión innecesaria.
En la otra, mantiene estructura, pero ha aprendido a quitar parte de ese esfuerzo.
Desde fuera quizá apenas se note.
Desde dentro…
la experiencia cambia muchísimo.
Haz otra prueba.
Coloca los brazos frente a ti como si abrazaras algo grande.
No aprietes.
No cierres demasiado.
Simplemente deja los brazos redondeados.
Ahora siente:
hombros.
Codos.
Muñecas.
Manos.
Pregunta:
¿puedo permitir que los codos encuentren una dirección descendente sin que los brazos colapsen?
Ahí está el trabajo.
Porque nuevamente tenemos dos extremos.
Primer extremo:
codos levantados y rígidos.
Segundo extremo:
codos completamente caídos y brazos sin estructura.
Nosotros estamos buscando algo entre ambos.
Descenso sin colapso.
Y esto conecta perfectamente con lo anterior.
Primero trabajamos:
relaja los hombros.
Ahora:
hunde los codos.
Uno empieza a ayudarnos a comprender al otro.
Si los codos están innecesariamente elevados, observa qué ocurre con los hombros.
Si intentas hundirlos utilizando demasiada fuerza, vuelve a observar los hombros.
Quizá estás creando una nueva tensión para corregir la anterior.
Entonces regresamos a nuestra pregunta favorita:
¿qué puedo dejar de hacer sin perder la estructura?
Ésta es una pregunta maravillosa para Tai Chi.
Levanta lentamente los brazos.
Detente.
Siente hombros.
Siente codos.
Ahora deja que los codos desciendan un poquito.
No necesitas que lleguen a ningún lugar especial.
Solamente permite esa dirección.
Después continúa el movimiento.
Gira.
Transfiere el peso.
Abre los brazos.
Ciérralos.
Y observa algo muy importante:
¿qué hacen tus codos mientras te mueves?
Porque encontrar una buena posición estando completamente quietos es relativamente sencillo.
El verdadero laboratorio comienza cuando nos movemos.
Ahí regresan nuestros viejos hábitos.
Suben hombros.
Se levantan codos.
Se endurecen manos.
Aparece tensión.
Y eso no significa que estés haciendo todo mal.
Significa que acabas de encontrar algo que puedes estudiar.
Eso es práctica.
No:
“¡Otra vez levanté el codo, soy un desastre!”
😂
Sino:
“Ah… aquí aparece.”
Lo notas.
Suelta.
Continúa.
Ése es un cambio enorme.
Porque entonces Tai Chi deja de ser una colección de posturas que intentamos copiar perfectamente.
Se convierte en una manera de observarnos mientras nos movemos.
Y poco a poco todo comienza a conectarse.
Coronilla que se eleva sin empujar.
Pecho suave.
Espalda que encuentra espacio.
Hombros relajados.
Codos que pueden hundirse.
Y entonces los brazos ya no parecen piezas independientes flotando alrededor del cuerpo.
Empiezan a formar parte de una estructura más integrada.
Pero quiero insistir en algo:
hundir no significa aplastar.
Ya nos ocurrió con el pecho.
“Hunde suavemente el pecho” no significaba encorvarnos.
Ahora ocurre lo mismo.
“Hunde los codos” no significa empujarlos violentamente hacia abajo.
Porque entonces estaríamos utilizando tensión para intentar relajarnos.
Y eso sería como gritar:
“¡CÁLMATE!”
para ayudar a alguien a relajarse. 😂
No funciona demasiado bien.
En cambio:
observa.
Reconoce.
Permite.
Ésa puede ser nuestra secuencia.
Ahora prueba algo todavía más sencillo.
Deja caer los brazos completamente a los lados.
Siente cómo cuelgan.
No necesitas hacer nada.
Después comienza a levantarlos lentamente.
Y mientras suben, conserva algo de esa sensación de no estar sosteniendo más de lo necesario.
Cuando lleguen frente a ti, observa los codos.
¿Puedes mantener los brazos sin convertirlos en dos barras rígidas?
¿Puedes conservar estructura y suavidad al mismo tiempo?
Quédate unos segundos.
Respira naturalmente.
Y escucha.
Ése es el ejercicio.
No necesitas sentir algo espectacular.
Necesitas aprender a distinguir.
Tensión necesaria.
Tensión innecesaria.
Estructura.
Rigidez.
Sostener.
Apretar.
Cada vez nuestro vocabulario corporal se vuelve más fino.
Y quizá ése sea uno de los grandes cambios que produce una práctica consciente:
al principio solamente sabemos si algo “se siente bien” o “se siente mal”.
Después comenzamos a reconocer matices.
“Estoy levantando el hombro.”
“Estoy endureciendo la mano.”
“Estoy sosteniendo demasiado el codo.”
“Puedo soltar esto sin perder aquello.”
Eso es aprendizaje.
Por eso hoy, durante tu práctica, no intentes corregir veinte cosas.
Elige solamente ésta:
los codos.
Cada cierto tiempo pregúntate:
¿los estoy sosteniendo arriba sin necesitarlo?
Si la respuesta es sí…
no los empujes.
No los obligues.
Simplemente permite que encuentren descenso.
Y continúa.
Porque una vez más Tai Chi nos recuerda algo que parece sencillo, pero cuesta años refinar:
la buena estructura no necesariamente necesita más esfuerzo.
Muchas veces necesita mejor organización.
Así que recuerda:
coronilla arriba sin empujar.
Pecho suave.
Espalda amplia.
Hombros libres.
Y ahora…
codos que se hunden sin colapsar.
Menos fuerza innecesaria.
Más estructura.
Más percepción.
Y un movimiento que poco a poco deja de sentirse como algo que estás obligando a suceder…
para empezar a sentirse como algo que estás permitiendo ocurrir. ☯️

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