Hay una zona del cuerpo que tiene una habilidad impresionante para meterse en todo:
el cuello.
Levantas los brazos…
tensas el cuello.
Intentas mantener el equilibrio…
tensas el cuello.
Quieres concentrarte…
tensas el cuello.
Alguien te dice “relájate”…
y hasta para relajarte tensas el cuello. 😂
Por eso nuestro siguiente principio de Tai Chi Chuan y Qi Gong es:
libera el cuello.
Parece sencillo.
Pero primero necesitamos aclarar algo.
Liberar el cuello no significa dejar que la cabeza se desplome.
Tampoco significa moverla de un lado a otro intentando “aflojarla”.
Y mucho menos empujar la barbilla hacia alguna posición para fabricar una postura perfecta.
Ya hemos aprendido algo durante esta serie:
cuando intentamos corregir una tensión utilizando otra tensión, simplemente cambiamos el problema de lugar.
Así que hagamos una prueba.
Ponte de pie cómodamente.
Siente tus pies.
Ahora endurece deliberadamente el cuello.
Aprieta.
Lleva un poquito los hombros hacia arriba.
Aprieta también la mandíbula.
Quédate ahí dos segundos.
Probablemente no necesites que te explique demasiado.
Se siente…
como lunes a las 7 de la mañana. 😂
Ahora suelta.
Pero no intentes colocar inmediatamente la cabeza.
Primero siente.
¿Cómo está tu cuello?
¿Dónde había esfuerzo?
¿La mandíbula participaba?
¿Los hombros también?
¿Estabas intentando sostener la cabeza activamente?
Eso ya es información.
Porque recuerda:
antes de soltar una tensión necesitamos aprender a reconocerla.
Ahora retomemos otro principio que ya trabajamos:
no empujes la cabeza hacia arriba; permite que se eleve.
Ahí aparece una relación preciosa.
Si la coronilla encuentra una suave dirección ascendente…
el cuello no necesita convertirse en una barra rígida para sostenerla.
Pero tampoco queremos hacer lo contrario:
soltar tanto que la cabeza pierda toda organización.
Buscamos nuevamente ese territorio que aparece una y otra vez en Tai Chi:
estructura sin rigidez.
Ponte de pie.
Mira naturalmente al frente.
Siente la coronilla.
Permite que se eleve suavemente.
Ahora pregunta:
¿puedo conservar esta organización utilizando menos tensión en el cuello?
No hagas nada más.
Respira.
Suelta un poquito.
¿La cabeza se cayó?
No.
Entonces quizá esa tensión no era necesaria.
Suelta otro poquito.
Observa.
Eso es practicar.
No estamos intentando dejar el cuello “completamente flojo”.
Estamos descubriendo cuánto esfuerzo realmente necesitamos.
Y aquí aparece algo todavía más interesante.
Mueve lentamente los brazos.
Observa tu cuello.
¿Se endureció?
Baja los brazos.
Repite.
Ahora gira suavemente el cuerpo.
¿Qué hizo el cuello?
Transfiere el peso hacia una pierna.
Observa otra vez.
Da un paso.
¿Apareció tensión?
Ahí está nuestro laboratorio.
Porque liberar el cuello estando completamente quietos puede ser relativamente sencillo.
La verdadera prueba comienza cuando algo cambia.
Movimiento.
Equilibrio.
Dirección.
Atención.
Y entonces nuestros viejos hábitos vuelven a aparecer.
No pasa nada.
No estamos buscando una práctica donde nunca aparezca tensión.
Estamos desarrollando la capacidad de reconocer cuándo aparece.
Ésa es una diferencia enorme.
Ahora conecta el cuello con los hombros.
Eleva ligeramente los hombros.
Observa qué ocurre arriba.
Ahora deja de sostenerlos.
Siente nuevamente el cuello.
¿Cambió algo?
Después aprieta las manos.
Sí, las manos.
Haz un puño.
Observa el brazo.
Los hombros.
El cuello.
Ahora afloja los dedos.
Suelta muñecas.
Permite que los codos desciendan.
Relaja hombros.
Y vuelve a sentir el cuello.
Aquí empezamos a comprender por qué hemos trabajado todos estos principios uno detrás de otro.
El cuerpo no practica por departamentos.
No tenemos al Departamento de Cuello trabajando completamente separado del Departamento de Codos. 😂
Lo que hacemos en una zona puede modificar cómo organizamos las demás.
Por eso no basta con decir:
“Relaja el cuello”.
Tenemos que comenzar a observar qué estamos haciendo con todo el cuerpo cuando el cuello se tensa.
Ahora prueba algo muy sencillo.
Coloca los brazos frente a ti.
Hombros libres.
Codos con dirección descendente.
Muñecas disponibles.
Manos suaves.
Dedos aflojados.
Permite que la espalda tenga espacio.
Deja el pecho sin proyectarse.
Siente la coronilla.
Y finalmente…
deja tranquilo el cuello.
No intentes hacer nada espectacular con él.
Solamente evita convertirlo en el encargado de mantener toda la postura.
Respira.
Quédate unos segundos.
Y después comienza a moverte.
Lento.
Abre.
Cierra.
Gira.
Transfiere el peso.
Camina.
Y cada cierto tiempo hazte una sola pregunta:
¿cómo está mi cuello?
Nada más.
No necesitas revisar veinte principios simultáneamente.
Hoy estudia éste.
Cuando aparezca tensión:
reconócela.
Suelta un poquito.
Continúa.
Y aquí aparece una enseñanza que me gusta muchísimo:
liberar no significa abandonar.
Podemos mantener dirección sin rigidez.
Podemos tener estructura sin apretar.
Podemos estar presentes sin estar duros.
Eso conecta perfectamente con todo lo que hemos venido construyendo.
Coronilla que se eleva sin empujar.
Pecho suave sin colapsar.
Espalda con espacio.
Hombros libres.
Codos que descienden.
Muñecas disponibles.
Manos y dedos aflojados.
Cuello libre.
¿Notas la diferencia?
Ya no parece una lista de “posturas correctas”.
Empieza a aparecer una cualidad general:
menos esfuerzo innecesario.
Y quizá ése sea uno de los aprendizajes más importantes de esta serie.
No buscamos un cuerpo flojo.
Buscamos un cuerpo disponible.
Disponible para moverse.
Disponible para cambiar.
Disponible para sentir.
Disponible para responder.
Y puedes practicarlo fuera de tu clase.
Cuando utilizas el teléfono…
¿cómo está tu cuello?
Cuando miras la computadora…
¿cómo está?
Cuando manejas…
¿cómo está?
Cuando estás preocupado pensando veinte cosas simultáneamente…
probablemente ya sabes dónde mirar. 😂
No necesitas corregirte violentamente.
Sólo nota.
Y pregunta:
¿puedo utilizar un poquito menos de esfuerzo aquí?
Suelta.
Respira.
Continúa.
Eso puede convertirse en una pequeña práctica durante todo el día.
Porque Tai Chi y Qi Gong no necesariamente nos piden hacer cosas extraordinarias.
A veces nos enseñan a percibir extraordinariamente bien cosas muy ordinarias.
Como estar de pie.
Respirar.
Levantar un brazo.
Caminar.
O descubrir que llevábamos media hora intentando sostener el mundo…
con los músculos del cuello. 😂
Así que hoy recuerda:
no empujes la cabeza.
No aplastes el cuello.
No fabriques relajación.
Permite que la coronilla encuentre altura…
y que el cuello conserve libertad.
Cabeza organizada. Cuello libre. Cuerpo disponible.
Porque quizá la verdadera suavidad no consista en perder nuestra estructura.
Consista en descubrir cuánto podemos soltar…
sin perdernos a nosotros mismos. ☯️

Deja una respuesta