¿Alguna vez has intentado relajarte tanto que terminaste apretando los dientes para conseguirlo?
¡Felicidades! Acabas de descubrir una de las grandes contradicciones de nuestra práctica. 😂
Queremos movernos suavemente.
Queremos respirar tranquilamente.
Queremos sentir el cuerpo libre.
Pero mientras tanto, nuestra mandíbula parece estar intentando romper una nuez invisible.
Y por eso hoy vamos a trabajar uno de los principios más sencillos y reveladores del Tai Chi Chuan y Qi Gong:
Suelta la mandíbula.
Parece una instrucción pequeña.
Pero puede cambiar muchísimo la manera en que experimentamos nuestra postura.
Porque una cosa es tener la boca cerrada y otra muy diferente es mantener los dientes apretados.
Vamos a descubrirlo.
¿Estás apretando sin darte cuenta?
Haz una prueba conmigo.
Ponte de pie cómodamente.
Siente tus pies.
Permite que la coronilla se eleve suavemente.
Deja los hombros libres.
Y ahora lleva tu atención a la mandíbula.
No cambies nada todavía.
Simplemente observa.
¿Tus dientes están apretados?
¿Estás haciendo fuerza para mantener la boca cerrada?
¿Sientes tensión alrededor de las mejillas?
¿Tu mandíbula parece estar trabajando aunque no estés hablando ni masticando?
No necesitamos corregir inmediatamente.
Primero necesitamos reconocer.
Porque recuerda algo que hemos estado aprendiendo durante toda esta serie:
No puedes soltar conscientemente una tensión que todavía no has reconocido.
Ahora aprieta los dientes ligeramente durante un instante.
Sin hacerte daño.
Siente la diferencia.
Después deja de apretarlos.
Permite que los labios descansen cómodamente, sin obligarlos a permanecer cerrados.
Deja que los dientes se separen ligeramente.
Y observa.
No necesitas abrir exageradamente la boca.
Tampoco empujar la mandíbula hacia abajo.
Simplemente deja de apretar.
Ahí comienza nuestra práctica.
Soltar no significa dejar caer
Aquí aparece una confusión muy interesante.
Cuando escuchamos la palabra relajar, muchas veces pensamos que tenemos que dejar completamente floja la parte del cuerpo que estamos trabajando.
Pero ya descubrimos que no es así.
Relajar los hombros no significaba empujarlos hacia abajo.
Hundir los codos no significaba aplastarlos.
Soltar las muñecas no significaba abandonarlas.
Liberar el cuello no significaba dejar caer la cabeza.
Y ahora ocurre exactamente lo mismo.
Soltar la mandíbula no significa dejarla colgando.
No necesitamos practicar Tai Chi con la boca abierta como si acabáramos de descubrir el precio de los aguacates. 😂
Buscamos una posición cómoda y natural.
Sin apretar.
Sin exagerar.
Sin fabricar relajación.
Porque hay una diferencia enorme entre permitir que algo descanse y obligarlo a relajarse.
La mandíbula también participa en nuestra postura
Ahora vamos a conectar este principio con el anterior:
Libera el cuello.
Ponte de pie.
Permite que la cabeza encuentre una posición cómoda.
Siente la coronilla suavemente elevada.
Observa el cuello.
Ahora aprieta ligeramente la mandíbula.
¿Notas algún cambio en la sensación del rostro o del cuello?
Suelta.
Observa nuevamente.
No necesitamos asumir que todo el mundo sentirá lo mismo.
Lo interesante es descubrir qué ocurre en tu propio cuerpo.
Porque en Tai Chi y Qi Gong estamos aprendiendo a reconocer relaciones.
No practicamos como si cada parte del cuerpo viviera en un departamento independiente.
La cabeza se relaciona con el cuello.
El cuello con los hombros.
Los hombros con los brazos.
Y nuestra organización general cambia mientras nos movemos.
Por eso la mandíbula también merece atención.
Especialmente cuando estamos intentando concentrarnos.
¡Cuidado con la cara de maestro iluminado!
Aquí viene algo que me encanta observar durante la práctica.
A veces estamos realizando un movimiento precioso.
Los brazos fluyen.
La postura está organizada.
La respiración es tranquila.
Pero la expresión facial parece decir:
“Si no consigo hacer esta forma perfecta, se acaba el universo.” 😂
Fruncimos el ceño.
Apretamos los labios.
Endurecemos la mandíbula.
Y confundimos concentración con tensión.
Pero atención:
estar concentrado no significa tener que apretar la cara.
Podemos mantener una intención clara sin endurecernos innecesariamente.
Recuerda lo que hemos trabajado acerca del Yi, la intención.
La intención nos ayuda a dar dirección a nuestra práctica.
Pero esa dirección no necesita convertirse en una lucha muscular.
Puedes prestar atención.
Puedes mantener una postura.
Puedes aprender un movimiento.
Y al mismo tiempo permitir que la mandíbula descanse.
Ésa es una habilidad que vale la pena desarrollar.
Hagamos una prueba en movimiento
Coloca los brazos frente a ti.
Como si sostuvieras suavemente una pelota grande.
Siente tus pies.
Permite que la coronilla se eleve.
Deja el pecho suave.
Permite espacio en la espalda.
Relaja hombros.
Hunde suavemente los codos.
Suelta muñecas.
Afloja manos y dedos.
Libera el cuello.
Y ahora…
suelta la mandíbula.
Respira naturalmente.
Comienza a mover lentamente los brazos.
Abre.
Cierra.
Sube.
Baja.
Cambia de dirección.
Y de vez en cuando pregúntate:
¿Estoy apretando los dientes para realizar este movimiento?
Si descubres que sí, no pasa nada.
No necesitas detener toda la práctica para regañarte.
Simplemente reconócelo.
Suelta un poquito.
Y continúa.
Porque ésa es una de las habilidades más importantes que estamos construyendo:
reconocer el esfuerzo innecesario mientras el movimiento continúa.
Cuando aprender se convierte en apretar
Hay otro momento en el que podemos observar este principio.
Cuando estamos aprendiendo algo nuevo.
Una postura difícil.
Una transferencia de peso.
Una secuencia que todavía no recordamos.
De pronto empezamos a concentrarnos muchísimo.
Y aparece nuestra mandíbula.
Apretada.
Como si pudiera ayudarnos a recordar el siguiente movimiento. 😂
Pero pensemos un momento.
¿Necesitas apretar los dientes para recordar dónde colocar los brazos?
¿Necesitas endurecer la mandíbula para transferir el peso?
¿Necesitas tensar el rostro para mantener el equilibrio?
Tal vez no.
Entonces tenemos una oportunidad.
Mantener la atención y retirar aquello que sobra.
Eso también es refinamiento.
No solamente mejorar cómo se ve una forma.
También mejorar cómo la realizamos.
Una pequeña práctica para tu vida cotidiana
Este principio no tiene que quedarse dentro de la clase.
Puedes observarlo cuando estás leyendo.
Cuando trabajas frente a la computadora.
Cuando revisas el teléfono.
Cuando estás intentando resolver algo complicado.
O cuando te encuentras muy concentrado.
Hazte una pregunta:
¿Cómo está mi mandíbula?
Nada más.
No necesitas vigilarla obsesivamente durante todo el día.
Simplemente obsérvala de vez en cuando.
Si estás apretando sin necesidad, permite que descanse.
Y continúa con lo que estabas haciendo.
Eso puede ayudarte a desarrollar una relación más consciente con tu propio cuerpo.
Porque cada vez estamos afinando nuestra capacidad de percibir.
Al principio reconocemos grandes tensiones.
Después comenzamos a identificar otras más pequeñas.
Y finalmente descubrimos que incluso nuestra expresión facial puede formar parte de cómo estamos practicando.
El verdadero principio
Quiero que hoy te quedes con algo muy sencillo.
No necesitamos apretar para estar presentes.
No necesitamos endurecer el rostro para concentrarnos.
No necesitamos apretar los dientes para sostener una postura.
Y tampoco necesitamos fabricar una sonrisa para demostrar que estamos relajados.
Simplemente podemos permitir que la mandíbula descanse.
Con naturalidad.
Con atención.
Sin exagerar.
Así que durante tu próxima sesión recuerda:
Coronilla que se eleva sin empujar.
Cuello libre.
Hombros relajados.
Codos que descienden.
Muñecas disponibles.
Manos suaves.
Y ahora…
mandíbula sin apretar.
Porque a veces estamos tan concentrados en aprender a mover el cuerpo que olvidamos algo fundamental:
también podemos aprender a dejar de apretar aquello que no necesita participar.
Y quizá hoy tu práctica no necesite otra postura, otra forma ni otro ejercicio.
Quizá solamente necesite que dejes de intentar hacer Tai Chi…
¡a mordidas! 😂☯️

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